Muertes Curiosas
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Algunas de las muertes más extrañas, absurdas y raras de la historia.

Lo más evidente, es que para morirse lo único que se requiere es estar vivo, porque puede uno morir por la causa más extraña y de la forma más rara o graciosa.

Muerte por querer suicidarse
En Francia, Jacques LeFevrier quiso asegurar bien la manera de suicidarse.
Se fue a la cima de un acantilado y se ató un nudo alrededor del cuello con una soga. Anudó la otra extremidad de la soga a una roca grande. Bebió veneno y se incendió la ropa. Hasta decidió dispararse al último momento.
Todo esto para querer morir, pues ese era su deseo.
Saltó del precipicio y en el mismo momento en que caía, se disparó. La bala, que no lo tocó, fortuitamente cortó la soga sobre él. Libre de la amenaza de ahorcarse, cayó al mar. El repentino zambullido en el agua extinguió las llamas y le hizo vomitar el veneno. Un pescador que pasaba por ahí lo sacó del agua y lo llevó a un hospital, donde murió... de hipotermia.

Muerte por bufanda

La madre de la danza moderna, Isadora Duncan, murió por causa de una bufanda que le encantaba usar. Escribió el New York Times en su obituario del 15 de septiembre de 1927: “El automóvil estaba yendo a toda velocidad cuando la bufanda de seda se enganchó en la rueda y arrastró con terrible fuerza a la señorita Duncan, precipitándola con violencia contra la calle. Fue arrastrada durante varios metros hasta que el chofer se detuvo, a causa de los gritos que venían de la calle. Se reclamó ayuda médica, pero quedó probado que se estranguló y murió instantáneamente”.

Muerte por cactus
En 1982, un joven de 27 años llamado David Grundman y su compañero de cuarto decidieron salir al desierto a cortar cactus a base de disparos. El primero fue un cactus pequeño, que cayó al primer disparo. Envalentonado por su éxito, la siguiente presa de Grundman fue un enorme cactus saguaro, de 7 metros de alto, probablemente de 100 años de edad. El disparo le sacó un gran pedazo, y el cactus cayó sobre él y lo mató.

Muerte por ahogamiento en una fiesta de guardavidas
En 1985, para celebrar su primer año sin tener que lamentar ningún ahogado, los guardavidas del departamento de recreación de Nueva Orléans decidieron hacer una fiesta. Cuando la fiesta terminó, un invitado de 31 años, llamado Jerome Moody, fue encontrado muerto en el fondo de la piscina del lugar.

Muerte por ser calvo

A Esquilo, el escritor griego, un águila le dejó caer una tortuga en su cabeza. Según la leyenda, las águilas cogían las tortugas y las abrían tirandolas contra las rocas. Un águila confundió la cabeza de Esquilo (era calvo), con una piedra y le lanzó una tortuga.

Muerte por imitación

En 1991, una mujer tailandesa de 57 años llamada Yooket Paen estaba caminando por su granja cuando se resbaló en estiercol de vaca, se agarró de un cable y se electrocutó hasta morir. Poco después de su funeral, su hermana menor les estaba mostrando a unos vecinos cómo había sido el accidente, cuando ella también se resbaló, se agarró del mismo cable, y murió igual que su hermana.

Muerte por cigarrillo

La muerte del humorista francés Carette conmocionó a la sociedad francesa en su día (1966). Cuando acabó su carrera de actor secundario quedó inválido, por lo que no podía moverse del sillón de su casa. Un día se le cayó el cigarrillo de entre los labios y su ropa ardió. Paralizado, murió abrasado vivo sin poder hacer el más mínimo movimiento para apagar el fuego.

Muerte por orgía

Alejandro Magno fue más listo y supo elegir bien su muerte, producida por unas fiebres contraídas en el trascurso de una orgía que duró dos días.

Muerte por medicamento

El dramaturgo Tennessee Williams, murió en 1983 al tragarse la tapa de un tubo de medicamentos que intentaba abrir.


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