A Temperar
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A Temperar
Y se dejó venir! La época de vacaciones, quiero decir. Empezamos a saborearnos un buen paseíto decembrino, pero para lograrlo hay que aceptar que el viaje que haremos, ya sea por tierra, mar o aire, siempre va a tener un cierto tinte criollo. Empecemos por el idiosincrásico paseo en carro. Puede ser a la costa, a una finca, a una cabaña en las montañas o a una choza en un mísero pueblo cualquiera que se consiguió prestada por la amiga de la tía del vecino de su mejor amigo de la guardería, lo cierto es que lo importante es salir del ambiente rutinario.

Desde que se montan al carro comienza el concierto: la vieja con la vejiga del tamaño de un maní que pide parada de baño cada cinco minutos; el pendejo que así tenga 10, 15 ó 30 años es un disco rallado con el: Cuánto falta? que va intercambiando estratégicamente con uno que otro: Ya vamos a llegar? O fijo el carro se recalienta y se vara en la mitad de Honda, Planeta Rica o cualquier otro municipio de 100C, mientras Miss Vejiguita 2005 empieza a repartir sánduches remojados y gaseosas al clima tratando de alivianar la situación. Sólo resta la llegada, tratar de levantar el ambiente, rezar para no encontrarse con una pocilga pulgosa y maloliente. Aunque por Ley de Murphy, con certeza es lo que pasa!

Por otra parte, hay que ver la odisea tan folclórica que le espera a uno si decide viajar en avión, peor aún, si es al extranjero. Digamos a manera de ejemplo que va para los Mallamis. Resulta pues que sale uno muy tranquilo para el aeropuerto, acompañado de unos cuantos desdichados familiares que no viajan con uno porque no tienen visa gringa (Es que los vieron muy decentes en la embajada y se las negaron). Al llegar al aeropuerto, chequea las maletas y se despide de todos. Hasta ahí todo bien, o no? Pues bueno, se monta uno al avión y Oh sorpresa, cuando ve a su vecina de vuelo! Una vieja greñuda de rizos dorado-blondor, con la raíz negra hasta la mitad de la cabeza, vistiendo la última colección del Hueco Fashion Week, con unos capris marca Xontaduro Jeans, un top transparentoso que deja sus abundantes carnes al aire como para una foto de “antes” de cambio etstremo y para rematar, luciendo senda chancla dorada con plataforma de acrílico.

Muy decente toma uno su asiento, se acomoda y trata de hacerse el dormido, cuando al otro lado del pasillo empieza a lanzar unos alaridos un gorila de camisa chalisuda y una panza inflada sobre la cual reposa un medallón dorado del tamaño de un bebé. Está llamando a la pobre azafata en plena demostración de los procedimientos de emergencia, sólo para preguntarle si le dan un guarito gratis con la comida o si le toca sacar su propia media. Nuestra vecina, quien resultó ser ex reina de la panela, se echa perfume justo antes de aterrizar, ganándose un insulto del gorila que a estas alturas ya va enguayabado y no tolera su pachulí. Cuando parece que nada puede salir peor, retumban los estrepitosos aplausos en el aterrizaje sin importar que tan turbulento haya sido. Con una migraña crónica logra uno llegar a inmigración y ve que la pareja del año sigue derechito sin problema alguno. En cambio a uno, todo postrecito si lo revisan y le preguntan hasta cuántas veces piensa ir al baño durante su estadía en su hermoso país!

Definitivamente eso de viajar sí es una montaña rusa muy brava y toca aguantar de todo con tal de pasar bueno unos diítas. De todas formas, sea lo que sea que termine haciendo, siempre va a necesitar unas vacaciones para descansar de las que acaba de tomar.


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